
¿Sabes? No sé si la falsedad se acuna en las alas de los mirlos. Pero tonta de mí, que al menor indicio de luz, vuelvo a desear diluir la soledad que me dejaste entre tus pupilas y piel. Entonces el miedo bordea mis pálpitos y me silencia en negro y anonimatos que se humedecen de llanto.
¿Recuerdas que me bordé en los umbrales de tu aliento y tus madrugadas? Siempre me invade la incertidumbre de saber si hiciste tuyas mis verdades.
Pero ya no me atrevo a intentar hablarte, porque duele, aún duele, ¿me entiendes?
Cada corpúsculo de mi esencia, sigue flotando en cada noche y día que tus ojos han visto desfilar. Soy ese silencio que tirita entre pánico, nostalgia y pesadumbre. Calladamente te sigo, de lejos, encendida la pavesa tímida en que se han tornado mis labios para derretir los inviernos de tus sienes.
Pero temerosa, siempre temerosa de tocarte siquiera, con el aire que aletea de mis pestañas.
Issa Martínez